Cuando el Padrecito Stalin se reunía con primeros mandatarios occidentales desde  1942, acuerdos que culminaron en Yalta (Crimea, 1945) con Churchill y Roosevelt, no fue precisamente por su amor a la democracia occidental que detestaba ni por un rechazo ético a la aberrante  doctrina nazi. Acudía pues al compartir esa lucha contra Hitler, su principal adversario, se le facilitaba su eliminación para sustituirlo como dueño de una Europa totalitaria.

Si los políticos actuales leyeran, aunque sea un resumen para alumnos de bachillerato, en países aún libres, de Los orígenes del totalitarismo (1951) analizado por Hanna Arendt , quizás otra sería la historia. Porque toda invasión bélica imperialista en diversos grados divide para reinar, segrega, destruye, adoctrina y domina. Ocurrió en relativo menor grado durante la conquista y colonización española del continente descubierto porque se otorgó la opción del bautismo cristiano a los nativos del vasto territorio transformados en esclavos .Genocidio parcial cuyo modelo favoreció el mestizaje racial y religioso en el espacio hispanoamericano, más lento para el resto latinoamericano por parte de Portugal, Francia, Inglaterra y países noreuropeos conquistadores del nuevo hemisferio, ávidos de su mítico “El Dorado”.

Esta imperial guerra genocida de Putin tiene triple raíz militarista. Fusiona el milenario zarismo cristiano ortodoxo con el  expansionista comunismo que sometió a un gran sector europeo asimilando métodos de exterminio nazis y luego matizó durante su tiempo en el poder absoluto. Desplazó la segregación étnica hacia la ideológica, así cada manifestación de disconformidad o rebeldía frente al todopoderoso Estado rojo implicó su aniquilación inmediata con ejecuciones o purgas seguidas con la sistemática muerte lenta de la población civil excesiva y sobrante a través de los siberianos Gulags, un gigantesco deshumanizado campo de trabajos forzados que eliminó a pobladores desarmados y hambreados hasta su casi total desaparición.De siglos zaristas, treinta años estalinistas, veinte hitleristas y setenta soviéticos nace y crece el criminal putinazismo.

Esa mentalidad asesina incluye hoy a la moderna multimillonaria oligarquía de su cúpula ligada a los beneficios del capitalismo occidental pero de rutina sigue utilizando frases clichés comunistas antinazis, pura exhibición teatral para desfiles armamentistas como el de este mayo 9, farsa que han copiado sus revolucionarios imitadores cubanos, venezolanos y nicaragüenses con un reciente séquito de populistas a lo Bolivia, México , Brasil y Argentina, por ahora .La mentira oficializada impide que luzcan banderas cuya imagen verdadera es la corona imperial arriba, una gran cruz gamada cuyos espacios tienen inscrita la hoz y el martillo sobre fondo rojo de la tinta-sangre. Por eso esta parada putinesca para celebrar su triunfo sobre los nazis que fue cierta en lo militar, para nada en lo conceptual, es atrozmente macabra, marchan triunfantes mientras acosan con misiles y bombas incendiarias a miles de ucranianos presos en los sótanos de la acería en Mariúpol, héroes resistentes dispuestos a morir antes que entregarse a los rusos. Episodio trágico que remite a la colina Massada, fortaleza israelí cercana al mar Muerto -Patrimonio de la Humanidad según la Unesco- donde centenares de judíos prefirieron el suicidio colectivo para no rendirse ante el imperio romano.

Otro show “antinazi” mientras balean a civiles en la cola del pan y dentro de sus propios domicilios. Equivale por ahora, nada más, a una tropical cabalgata del robotizado ejército chavomadurista presidido por el ministro general Vladimir Padrino López, el hombre de Moscú en Fuerte Triuna-Miraflores , pilar que sostiene al represor sanguinario régimen dictatorial, para homenajear el 5 de Julio de 1811, día que se celebra la Declaración de la Independencia venezolana.

Este destructivo método también acaba con las clasificadas derechas, izquierdas y centros políticos de Occidente. Es la neomonarquía renacida como revolución y va contra la libertad individual, grupal y nacional que en el caso de Ucrania no sucumbió durante la Guerra Fría.

El putinazismo extermina cuerpos y almas destruyendo sus poblados grandes, medianos y pequeños para sacarlos del globo terráqueo junto al mínimo vestigio de su historia independentista contra el estatal imperio eslavista ruso. Se repite, pues, el esquema en el castrochavismo que favorece la despoblación existente para repoblar sólo con sus fichas cambiando símbolos, violando y quemando testimonios patrios en especial los constitucionales legítimos para que su pasado democrático liberal no deje rastros.

La Era Ciber, el genocida cambio climático, la pandemia de covid y el putinazismo colonizador conllevan un muy distinto nuevo mundo ajeno a tradicionales definiciones academicistas. Para que la digna vida libre sobreviva requiere con urgencia diferentes precisiones, renovadas instituciones y, sobre todo, novísimas drásticas acciones.

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