Naciones Unidas inmigrantes venezolanos

En diferentes latitudes, las Navidades siempre han sido gastos, fiestas y regalos. También nos llevan a momentos de reflexión, introspección y decisión sobre los nuevos caminos. Pero… son otras  las navidades del venezolano. En estos momentos, no se trata solo del dato económico, sino también del familiar, el más importante.  El régimen acabó con el sector privado de la economía, tratando de reforzar el sector público al que, igualmente, destruyó. Este modelo ha llevado al país a un desempleo descomunal y una hiperinflación, dando como resultado una fatal y deliberada combinación que los Frankenstein del socialismo del siglo XXI han implementado con deliberada maldad para sojuzgarnos. La industria petrolera en el piso y, más abajo, nuestra calidad de vida. Son ya varios los períodos decembrinos de supervivencia, pero ahora, le ha tocado a las grandes mayorías que deben mirar, desde lejos, el escandaloso consumo de una ínfima minoría de enchufados derrochadores, en un contexto económico absolutamente artificial y efímero, aunque esa minoría no lo crea.

Realmente,  esta Navidad 2021 es distinta porque, además,  el régimen vació al país de más de siete millones de venezolanos. Familias enteras están desmembradas. Hijos, sobrinos, primos, nietos y amigos, muchos amigos, están fuera del país y, además, desperdigados por el mundo, pues, ni siquiera habitan en zonas cercanas. Adicionalmente, parte de la clase política, jóvenes que desde muy temprano activaron, lucharon y se enfrentaron a este régimen que los orilló a sopesar su libertad así como su futuro personal y familiar. Por ellos, tomo unas líneas para nombrar a algunos venezolanos que se mantienen en el anonimato y que fueron parte de mis inicios en la política regional: Danny Ramírez, Carlos Araque, Mayira Torres, José Guacarán, Gina Negro, Víctor Torres, Guillermo Lobo, Gamal Godoy, Hector Moreno, entre muchos otros que pasaron por la juventud del que era mi partido.

No podemos subestimar ni dejar a un lado las migraciones internas, con una época decembrina en la que ya no es fácil viajar de oriente hasta  occidente y  del sur al norte, o viceversa, gracias a los, hoy día, peligrosos caminos venezolanos.  Hay hogares, zonas residenciales, casas y edificios con pocos, muy pocos niños. Las calles ya no son los espacios favoritos para que los muchachos monten el triciclo o la bicicleta que les trajo el Niño Jesús, que hoy estará ausente en muchos hogares. Ya no hay para comprar juguetes, y ya los niños están en buena medida fuera del país. Experimentamos un proceso extraordinario de desarraigo, incluso, familiar al cual seguimos resistiéndonos con fiereza.

Tampoco lucieron muy religiosas estas Navidades. El pueblo venezolano es creyente y fervoroso, pero el covid 19 lo limita. No obstante, en esto hay interés del régimen. Llegará el día en que no se podrán hacer las misas, católicas o protestantes, por ejemplo, como en Cuba. Ya ha ocurrido en Nicaragua, progresivamente, pues el control de todo tipo va de la mano de las limitaciones sociales y económicas.

Recordemos que el régimen, al igual que los filisteos, cada día se vuelve minoría. Es nuestra potestad buscar el cambio y continuar en la lucha por la recuperación democrática del país, estemos donde estemos. Las navidades nos permiten recordar cada año que Jesús nació, insistió y resistió en proclamar sus ideas para lograr persistir en los corazones y así traer la libertad espiritual,  el perdón y el amor a este planeta. Sería, realmente, reconfortante para todos los venezolanos pedir, desde la humildad del creyente, que estas navidades sean, y traigan, momentos de  paz, amor, pensamiento crítico, entendimiento y, sobre todo, unión. Una unión que lleve a la oposición a pensar más en Venezuela y no en sus intereses personales; una oposición que piense en la reunificación de nuestros amigos, familiares y nuestra Venezuela. ¡Feliz Navidad para todos!

@freddyamarcano


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