Ya se ha establecido suficientemente, tanto por la vía de los hechos pasados como por la de los mensajes “cifrados”, que el diálogo facilitado por el reino de Noruega lamentablemente no ha servido para mucho. Se sabe que la disposición del gobierno chavista a asistir a las rondas de México ha sido con la única intención de comprar tiempo; y la oposición que se presta al juego; pareciera que no ha sabido poner las cartas sobre la mesa.

Como quiera que en días pasados el jefe de la delegación chavista puso sus condiciones para retomar lo que ellos (demasiado acertadamente) llaman con simpleza diálogo, sería bueno que la oposición siguiera este ejemplo. Ello también aprovechando la reciente ratificación del gobierno interino, único reconocido por muchos países, más que los que apoyan al de Nicolás Maduro.

Sobre todo porque si siguen el ejemplo podrían darle un mensaje a los venezolanos de que sí están dispuestos a negociar verdaderamente una solución a la crisis política, y de paso al terrible hoyo económico en el que se encuentra el país, aunque el discurso esté cambiando sobre esta meteria.

Parte de esas condiciones que proponemos que exija la parte democrática del liderazgo actual comienza, sobre todo, por la liberación de los presos políticos, ellos sí todos inocentes y víctimas de un secuestro de años en las peores condiciones. Por supuesto, el fin de las torturas y las persecuciones y el cierre total de sitios como la Tumba o la Casa de los Sueños.

Pero también, para sentarse a la mesa con cualquiera del chavismo habría que exigir la pronta reanudación del programa de trasplantes tanto para niños como para adultos; no se puede consentir un niño más fallecido porque no pudo recibir un riñón a tiempo. La total dotación del hospital J. M. de los Ríos tanto con equipos como con insumos, especialistas, enfermeras, agua y electricidad.

Nadie de la oposición debería cruzar ni siquiera una mirada con Jorge Rodríguez si antes no se aumentan sustancialmente las pensiones y las jubilaciones de los miles de trabajadores que dieron su vida laboral para construir el país y que ahora no pueden vivir con 2 dólares mensuales. Tampoco puede aceptarse ni siquiera un intercambio de saludo ni en México ni en cualquier otra parte si no se abren comedores para atender a los niños desnutridos que están suficientemente identificados por muchas ONG y fundaciones como Bengoa, Caritas, etc.

No pueden admitir ni siquiera la propuesta de volverse a tomar un café con los chavistas a menos de que el Ministerio de la Defensa del gobierno de Maduro explique la estrategia que utilizarán para expulsar a los guerrilleros de territorio venezolano y darle apoyo a las poblaciones fronterizas. Ni siquiera se les pide que lo publiquen, porque las tácticas militares deberían ser secretas, pero con que se las digan a los miembros de la delegación opositora y que ellos den fe de la puesta en marcha sería suficiente.

No se puede seguir con la lista de condiciones porque sería demasiado larga, pero la oposición debe entender que ellos también están en la necesidad de recuperar la credibilidad de los venezolanos y que una de las vías es verles la intención de pedir que se resuelvan a los problemas urgentes antes de consentir cualquier “diálogo”. Si ya legitiman al gobierno de Maduro sentándose en una mesa con ellos, ¿por qué no hacer lo que las oposiciones suelen hacer en los países democráticos? ¡Exigir! Así los ciudadanos sabrían que van a reunirse para negociar soluciones, no para alargar la agonía.


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