Sin ir más lejos (Random House, Debate, Estados Unidos, Noviembre 2019) es la confesión del inxiliado, testimonio de una errancia fija, legado de quien lleva su suelo natal cosido en alma, piel y cerebro, día y noche, matriz que nutre hasta el fin con el gusto único a miel, sal, hiel, aguas de por medio.

Las academias de historia, ciencia y arte recogen catálogos interminables de este género que registra la acción humana por un yo narrador, desde bíblicos mandatos (Soy tu Dios y me obedeces) hasta desafíos  profanos ( Soy un vividor ¿ y qué?).

Este libro del transcontinental CAMS es muy original. Su autor uno en varios. Delicioso conversador, oyente discreto, humorista de ironías delicadas, amigo fiel y duro adversario, suele evadir su directo yo confidencial remitiendo picantes anécdotas propias a segundas personas nativas y exiliadas. Como disciplinado columnista de prensa es el agudo, minucioso, racional analista de asuntos políticos internacionales con estilo bastante impersonal, siempre al día, documentado en estudios densos del pasado y de la inmediata actualidad. Sus reportajes extensos y editados en formato de libros a lo largo de medio  siglo son del comprometido investigador, testigo y cronista de la compleja cubanía interna y exterior. Como novelista se cuela por entre líneas proyectando esos recursos en personajes ajenos. Estas memorias contienen todo esto y mucho más.

Soy parte diminuta de inxilio, de la venezolanía que cumple ya 22 años y de la judería con sus 5.780 históricos, de los cuales 2.000 fueron de  diáspora o galut sin geografía estable hasta el renacer de Israel hace 70 años, por eso capté su texto entre risa y lágrima, carcajada y lamento. Cada mínimo detalle me remitió a la nostalgia por el perdido terruño junto a la tradición del terreno ancestral recuperado. Es la llamada traidora doble lealtad, bendita sea incluso la múltiple , ya que solamente los fascistas practican la lealtad única a su rey, jefe, comandante y Dios.

Al culminar esta lectura se infiere que, al revés, su verdadero título sería Con venir más cerca, pues el protagonista narrador es un yo por fin abierto sin ambages ni complejos que admite una pertenencia inicial herida por la fusión de un destierro con logros y fracasos, expatriación, confinamientos, desarraigos, trastierra en refugios domésticos y diplomáticos, traiciones y complicidades, certezas totales y a medias, engaños, calumnias y tanto más que confluyen para el retorno, pues volver luego de seis décadas para instalarse no muy lejos  de su sitio primario entrega las claves del buscar, consciente o no, un lugar cercano a su tierra uterina. Miente cuando afirma: ”Se me olvidó la nostalgia”. Patria -o Matria- es risa de sonido, sabor, tacto, mirada, olor. En su ausencia o lejanía el inxilio va de canto a llanto.

En el caso de CAMS, esta, por ahora y paradoja, resulta su obra literaria más lograda tras la moderna etiqueta de ”autoficción”. No tuvo necesidad de inventar tramas. Su biografía real contiene tantos episodios de intriga, huidas, secretos en suspenso, tensión continua por milagrosos escapes a varios  intentos castristas para asesinarlo, incluido su paso por La Cabaña -tenebrosa central de fusilamientos-, sobrevivencia de cárceles despiadadas y cuarteles yanquis listos para independizar la isla, accidentes y enfermedades, despedidas temporales y fatales, constancia de un romance conyugal precoz con el zigzag normal de sesenta años como pareja lista para otra migración. Novela integral de sus novelas vividas.

Agrego al título de esta semblanza el apellido materno del escritor porque en su historia familiar, la manera como calibra las figuras femeninas del entorno, su esposa Linda, las nietas que le han otorgado sus hijos Gina y Carlos, su suegra y otras parientes, revela cuánto de esas hazañas repletas de fuerza para superar la adversidad continua y ser tan caballero con toda mujer, se deben a la personalidad novelable de su mamá, doña Manuela Surís, quien traspasó la conducta normal de madre protectora y resolvió buena parte de los difíciles sucesos que desde la infancia modelaron su carácter firme, capaz de controlar la cólera frente al horror de la revolución fidelista dirigiendo su energía vital hacia planes de lucha organizados al detalle, datos muy de agradecer en estos tiempos del “Me too” y de machos cobardes, uniformados con automedallas castrenses, en este caso criminales castristas.

Sin duda, la vida de CAMS es de novela bien narrada y tal como se exclama frente a lo asombroso, es de película…

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