Llegamos a la mitad del año, el calendario marca un semestre y en algunos países comienza el verano  y en otros el invierno; mientras tanto en la Venezuela del trópico continúaa la misma estación climatológica como un presagio funesto de que todo está y seguirá igual.

Dejamos de acaparar los noticieros, pasamos a ser una breve nota de prensa en los impresos y en la radio casi nunca estuvimos.

Somos un espejismo como nación; el mundo sabe que existimos y que estamos mal, pero la vida debe continuar y pasamos a ser la triste historia de una metáfora acerca de una mujer maltratada, golpeada, violada y hasta asesinada.

Todos lo saben, hasta los amigos del agresor. En reuniones privadas lo reconocen como un maltratador. Saben de lo que es capaz y aun así deciden mirar a otro lado. Total, parece que les gusta o se acostumbraron, se les puede oír decir.

A lo interno se presentan diferentes representaciones de una obra de teatro maltrecha y de bajo presupuesto. La realidad es directamente proporcional a lo que consumes de las redes sociales. En algunas maldices, insultas y castigas, mientras que en otras explotas las vanidades con un selfie incluido.

Intentas ahuyentar los demonios de la realidad con mensajes de resiliencia, todos necesarios, pero la crueldad tiene peso. Dejó de ser un vecino, un amigo, un conocido o un familiar, ahora eres tú directamente quien la vive.

Las cifras cada día son un rostro conocido; ya no es solo una noticia, te sientes el protagonista. Las colas te agobian, la escasez es tu día a día, los niveles de peligro y los riesgos de morir víctima de la violencia son una realidad que se presenta como un caos cotidiano.

Mientras tanto escuchas los discursos, que quieren confundir, de la clase política que asume el rol de oposición y terminan por mermar cada día la esperanza de un cambio real. Parece que juegan y nosotros somos sus juguetes.

Algunos que se creen “la generación de relevo” pretenden hacer ver que las decisiones que toman deben, sin pasar por misa, recibir el amén de la sociedad civil.

Alguno hasta se atreve en un arrebato de ignorancia a asegurar que solo ellos son los responsables de generar el cambio necesario, como si acaso de figuras autoritarias ya no tuviésemos 20 años. Si fuese por ellos proscriben a quien opine diferente.

El rojo se muta con el amarillo, el azul o el blanco del logotipo de sus partidos.

Mientras tanto el 2021 se les quedó corto, lo cambiaron por el dos mil siempre y en un juego perverso parece que todos están de acuerdo, hasta los que asumen el liderazgo opositor.

@andresvzla1975


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