Hemos leído con estupor la entrevista a Jeffrey Sachs del pasado día 27 de noviembre, publicada en el diario El Tiempo de Bogotá. Antes de considerar algunos puntos específicos, extraemos una conclusión general: la mentalidad tecnocrática resbala cuando incursiona en política. Esto no es nuevo; no obstante, las reflexiones de Sachs sobre Venezuela, su situación actual, sus orígenes y perspectivas, indican que en lo referente a nuestro país y su drama, el renombrado economista no está claro.

Sachs empieza por relatarnos que conversó con Hugo Chávez al inicio de su gobierno y le otorgó al caudillo tropical los beneficios de su sabiduría. Sachs aconsejó al nuevo amo de Venezuela así: “Le dije: No deje que la tasa de cambio se sobrevalúe, diversifique la economía e intente construir una economía que no dependa únicamente de los ingresos petroleros”. Para sorpresa del economista, Chávez no le prestó la más mínima atención, e hizo todo lo contrario.

¿Por qué? Pues porque Chávez, sus seguidores y asesores cubanos no buscan enderezar la economía, sino controlar el poder político. Son prioridades distintas que no siempre marchan en armonía o se necesitan una a la otra. Tal vez si Chávez, y luego Maduro, hubiesen adoptado las fórmulas de Sachs y otros tecnócratas, la economía venezolana no se habría hundido, pero posiblemente hubiesen perdido el poder político.

Como explicó con proverbial claridad Erika Farías, alcaldesa de Caracas: “Nosotros (el chavismo) no estamos aquí para hacer un buen gobierno, sino para hacer una revolución”. Son misiones diferentes. Las revoluciones que perduran aplastan a la gente.

El problema de fondo es que Sachs no entiende a los revolucionarios. Sorprende leer aseveraciones como estas: “No es necesario que Maduro se vaya para superar esta crisis…Lo que sí creo necesario es que la oposición tome el control de los ministerios económicos y que haya elecciones libres y justas”. Tanta candidez es conmovedora.

Sachs nos recuerda que en Venezuela “hay niños pequeños que no están recibiendo la educación apropiada”, y el conjunto de sus planteamientos nos da a entender que son las sanciones económicas impuestas por Washington las culpables de tan lamentable estado de cosas. Según Sachs, las sanciones son un “crimen de lesa humanidad”. Tendríamos que admitir entonces que todas las sanciones, a Cuba, a Corea del Norte, a Irán, a Rusia, a Nicaragua, son criminales, y no solo las que afectan a Venezuela. ¿Pero lo son realmente? ¿No son criminales, más bien, los regímenes sancionados y sus cabecillas?

El único instrumento que al día de hoy posibilita todavía a la oposición democrática transmitir una amenaza y un castigo creíbles al régimen son las sanciones de Washington. Y si bien es cierto, como anota Sachs, que “no es la responsabilidad de Estados Unidos derrocar a Maduro”, sin el apoyo de Washington nos hallaríamos en el vacío. ¿Qué propone Sachs, en lugar de las sanciones económicas? Es obvio que no respalda la acción militar. ¿Entonces qué, el apaciguamiento que Obama ensayó hacia los Castro?

Los niños venezolanos hace tiempo que dejaron de alimentarse, de educarse y de recibir atención médica adecuada. La tragedia venezolana antecede a Trump, y este último ha intentado ayudarnos, en lugar de apaciguar a quienes nos someten y explotan. El régimen chavista nada ha hecho para cambiar de dirección y aceptar una salida a la desgracia de Venezuela. No tienen interés en el bienestar de la gente, sino en mantenerse en el poder. 5 millones de emigrantes nada significan para Maduro. Es más, los que se van le alivian sus dificultades. La racionalidad económica tiene sin cuidado al régimen. Le guían otras motivaciones y objetivos y ningún gurú cambiará eso. Tal vez las sanciones no pongan fin al régimen, pero de que duelen, duelen…

Por los momentos, la oposición venezolana se está haciendo más daño a sí misma que a Maduro. Ello podría ser de otro modo y confiamos que corrija el rumbo, con unidad y coherencia. Pero de esto no nos cabe duda: sin las sanciones de Washington el régimen ya habría consumado la tarea de doblegarnos definitivamente. Sachs nos hace un muy flaco servicio al mezclar su repudio al actual gobierno de su país con el tema de las sanciones a Maduro, a sus principales secuaces y a su régimen.


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