Foto BBC Mundo

Lejos quedaron los tiempos en los que los periódicos jugaban con sus lectores en un día como este. Era tradición por lo menos de El Nacional esconder entre sus páginas titulares y noticias que parecieran ciertas pero que por buenas hacían caer a todos “por inocentes”, como el juego que practicaban unos con otros los venezolanos del siglo pasado.

Eran otros tiempos, en los que El Nacional tenía papel y tinta suficiente para interactuar de esta y de muchas otras maneras con sus fieles lectores. Las bromas gustaban tanto que eran esperadas por muchos y comentadas en otros medios de comunicación. Ya no hay papel, nuestra rotativa está secuestrada y estas navidades no hay mucho para celebrar.

Mucho menos si pensamos en los miles de inocentes, de venezolanos en su tierna infancia, que no han tenido un buen año y que posiblemente no tengan mejores perspectivas para 2022. Por eso lo que vale recordar en el Día de los Inocentes de hoy es el cuento del rey Herodes. Ese despiadado hombre que por no compartir su reino ni su poder con el Niño Dios, mandó a sus esbirros a acabar con los infantes en uno de los más terribles y cruentos baños de sangre que recogen las sagradas escrituras.

Y recordamos esos terribles pasajes con más de 20 años de chavismo a cuestas. Hugo Chávez se llenaba la boca diciendo que cuando él asumió la presidencia había 49,4% de pobres en Venezuela. Ha sido labor encomiable de los especialistas de la Encuesta de Condiciones de Vida el registrar para este año que está por terminar 94,5% de hogares venezolanos pobres y 76,6% en pobreza extrema. ¿Hace falta la degollina de Herodes o es una nueva manera de acabar con la infancia venezolana?

Muchos especialistas como Susana Raffalli, la Fundación Bengoa y Caritas de Venezuela se han dado a la tarea por años de llamar la atención sobre el crecimiento de la desnutrición infantil sin que el gobierno chavista ni siquiera se dé por aludido. Miles de niños que no alcanzan el peso y talla requerido para su edad son el frágil futuro del país. Sacarlos de esa espiral es sumamente difícil y mientras más se tarde en tomar cartas en el asunto, más generaciones se sumarán a estas carencias.

Pero ¿le importa algo a la gente que despacha desde Miraflores esta terrible realidad? Lo que parecieran pensar es que mientras haya hogares pobres en el país, ellos tendrán el poder asegurado. Por eso, en este Día de los Inocentes lo que queda es rogar que en algún momento comiencen a trabajar para revertir los terribles efectos de la desnutrición en tantos niños venezolanos. Dejen de ser los Herodes del siglo XXI.


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