¿Qué ha pasado con la gasolina, Nicolás? Tienes al país alborotado y apenas si has articulado palabra. Claro, ya sabemos, la culpa es del imperialismo y las sanciones, de cómo tienen a tu régimen contra las cuerdas, que ustedes, pobrecitos, hacen lo imposible para garantizarle al pueblo la máxima felicidad.

¿No vas a decir nada de la destrucción de la industria petrolera, de cómo nuestras refinerías, hasta hace 20 años lo más adelantado en tecnología en el mundo, se han convertido en un montón de chatarra? No, claro que no. Sería escupir para arriba. Tendrías que caerle encima a tu comandante, al “galáctico”, al “inmortal” Hugo Chávez, primer responsable de esta debacle, de que los venezolanos estemos pasando penurias.

Si no es la gasolina, es el agua y si no es la electricidad. O Internet. O la telefonía. O la hiperinflación. O la pandemia, que está en plena expansión, y que tú, Nicolás, no has sabido cómo controlar.

Pero esto de la falta de combustible es el colmo. Tenemos que esperar a que lleguen unos buques de Irán porque ya aquí no se produce gasolina. Un país petrolero, con inmensas reservas de crudo, tiene que depender, como el más pobrecito, de la ayuda internacional porque no hay forma ni manera de que la revolución sepa cómo hacer las cosas bien.

Déjate de embustes y peroratas. Amárrate los pantalones y ten la decencia, quizás es mucho pedir, de hablarnos a los venezolanos con franqueza. Llama a la gente que sabe para que, de una vez por todas, le devuelva la brillantez a Petróleos de Venezuela, y deja de pedir auxilio a Irán, a Rusia, a China y a Turquía.

Deberías ir a las colas en las estaciones de servicio, Nicolás, para que escuches a la gente, lo que dicen de ti y de tu revolución. Darte una vueltica. Sal de Miraflores. Deja la comodidad y el encierro. Ya se nos acabó la paciencia y eso es peligroso, muy peligroso.


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