Entiendo que solo mencionar la creación de un mercado para el oxígeno que respiramos suena como la expresión más salvaje del capitalismo, pero es la única opción real para salvar a los mayores productores naturales de oxígeno del planeta de su inevitable destrucción. La solución efectiva, mediante incentivos económicos, para mantener y hacer crecer los ecosistemas naturales productores del oxígeno. La otra alternativa sería continuar con los diálogos y más diálogos hasta que la destrucción sea irreversible y se acabe el oxígeno. No es imposible, es el camino que llevamos.

El mercado del oxígeno pondría fin a la exigencia ética que se le hace a los paí­ses en desarrollo (grandes proveedores de oxígeno) para que, sin recibir nada a cambio, protejan sus valiosos ecosiste­mas y su inmensurable biodiversidad. Es un ejercicio de exagerado buenismo pensar que los países que son menos contaminantes, y por ende menos desarrollados, emplearán sus escasos recursos en mantener la producción de oxígeno para be­neficio de otro, incluso a costa de no explotar sus propios recursos. Es preciso recordar que los países del primer mundo desde la industrialización están acabando con sus ecosistemas, precisamente por la consecución del desa­rrollo y el crecimiento económico.

No hay que escandalizarse con la idea. Desde hace mucho tiempo existe el comercio de elementos vitales: agua, comida, energía y medicinas. A muchos de ellos, se los ha denominado, desde el punto de vista financiero, como commodities, que son las materias primas y los pro­ductos básicos. En pro de la preservación humana, y de la vida en general, el oxígeno debe estar en la lista mundial de commodities.

La producción, comercialización y consumo de oxí­geno es perfectamente medible. Los países emisores de dióxido de carbono y los que no pueden compensar su huella de carbono pagarán una cuota a los países que se dedican a proteger y aumentar la producción de oxígeno natural en sus territorios marinos y terrestres. He men­cionado los territorios marinos y terrestres porque existe una percepción equivocada de que las selvas, como la Amazonía, son los mayores productores de oxígeno y realmente son los océanos los verdaderos pulmones del planeta. Producen el 50% del oxígeno que respiramos.

Los productores naturales de oxígeno se extienden más allá de la vegetación, los bosques, las selvas o la flora del planeta, que es preciso preservar, pero los organismos que posibilitan que podamos respirar se encuentran masiva­mente en los océanos, que ocupan 75% de la superficie terrestre, producen 50% del oxígeno que respiramos y también actúan como sumideros de carbono. Por eso es tan importante regenerar los ecosistemas, que sirven de hábitat y refugio a las especies, y proteger la biodiversidad.

Al asignar un valor comercial al oxígeno se imple­mentaría un mercado de oxígeno y una rentabilidad para los ciudadanos propietarios de bosques y plantas que lo produzcan. Sería el inicio de las granjas de oxígeno. Los propietarios de forestales recibirían una compensación por conservar áreas naturales como sumideros de car­bono y productoras de oxígeno. Estaríamos anclando la solución del problema del oxígeno en las realidades del sistema económico mundial. Pagar por oxígeno suena casi homicida, pero, al final, los países que no deseen co­tizar por el oxígeno lo tienen muy fácil: que bajen sus ni­veles de emisiones de dióxido de carbono y aumenten la producción de oxígeno incrementando sus productores naturales de oxígeno. Asimismo, la comercialización fomentaría la inves­tigación e innovación (R&D, research and develop­ment, por sus siglas en inglés) de métodos sostenibles de reducción de carbono y de producción de más oxí­geno para impulsar tecnologías altamente productivas para la reforestación, el cultivo de plantas y de orga­nismos específicos para la producción de oxígeno, como la posidonia o el fitoplancton, y el desarrollo de prácticas agrícolas más respetuosas con el medioam­biente, entre otras.

El mercado del oxígeno permitiría, además, a los paí­ses en vías de desarrollo, donde perviven ecosistemas de generación de oxígeno, su conservación y el aumento de la producción sostenible con todos los beneficios aso­ciados, como ingresos y puestos de trabajo. Otro bene­ficio del mercado del oxígeno sería, finalmente, avanzar realmente en la mitigación del cambio climático, es de­cir, acelerar una solución más holística hacia la gestión medioambiental del planeta.

El mercado del oxígeno puede generar rechazo a pri­mera vista, pero es la solución para salvar a los produc­tores naturales de oxígeno, promover la conservación ambiental, fomentar la innovación tecnológica y la coo­peración internacional para afrontar el cambio climático, un objetivo que llevamos años tratando de implementar. Hemos celebrado 28 ediciones de la COP (Conferencia de las Partes) promovidas por la ONU y no hemos avan­zado nada. Pongámosle precio al oxígeno, paguemos su costo y respiremos.


Jorge Neri es CEO del Grupo EIG Multimedia,  editor de Cambio16 y uno de los 100 Latinos más comprometidos frente a la crisis climática.

Publicado en efeverde.com.

 


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