El papa Francisco retomó este año la costumbre de dar su mensaje navideño y bendición Urbi et Orbi desde un balcón del Vaticano, frente a los miles de fieles que se reúnen en la Plaza San Pedro para escucharlo. En esta ocasión recordó en especial el dolor de los inmigrantes y pidió para que todos en el mundo escuchen sus llamados de auxilio.

Aunque fue poco lo que dijo sobre Latinoamérica y se extendió en pedir paz y soluciones a conflictos como los de Irak, Birmania, Etiopía y el Medio Oriente en general, la mención sobre los inmigrantes nos llega al corazón porque hoy más que nunca Venezuela se está desangrando por todas sus fronteras.

Hay ciudades enteras que ya parecen pueblos fantasmas, como la otrora pujante Maracaibo, tan cercana a la frontera con Colombia. Cada día alrededor de 500 venezolanos se aventuran por las carreteras que unen los países del sur, atraviesan desiertos y montañas huyendo de la tragedia y dejando en su país a muchos seres queridos.

Lo que buscan los venezolanos es sobrevivir, ni siquiera progresar, muy pocos se atreven a soñar. Las necesidades que no tienen satisfechas en su tierra son las básicas, comida, salud y educación para sus hijos, y por eso se lanzan a otros países que a veces los reciben con los brazos abiertos y a veces con piedras en la mano.

Pero en medio de todo hay que agradecer a las naciones hermanas que incluso se han movido para pedir ayuda con el fin de recibirlos de la mejor manera. Sin estos gestos, sin estas acciones de gobiernos amigos la tragedia sería mayor.

Venezuela hace años es un país en el que el abandono es parte de la cotidianidad. El gobierno chavista abandonó hace mucho tiempo sus responsabilidades para con los ciudadanos y por ello muchos no han conseguido otra solución que abandonarlo todo para buscarse la subsistencia en otras latitudes. Por eso, cuando el Papa pide que abramos los corazones, escuchemos a los inmigrantes y hagamos nuestras sus historias de dolor, en el fondo quisiéramos que eso hiciera la cúpula del PSUV que está en Miraflores, porque son ellos los responsables de este fenómeno que ya se va volviendo de proporciones mundiales y son ellos los que podrían solucionarlo dándole paso a un grupo que en realidad quiera ocuparse de solucionar los problemas del país.

Queda la fe, pedirle al Niño Dios por cada joven, anciano o niño venezolano que se encuentre en alguna casa de refugio, que esté desempleado en otro país, que haya recibido humillaciones o que esté pasando hambre. Ojalá podamos pronto tenerlos de vuelta.


El periodismo independiente necesita del apoyo de sus lectores para continuar y garantizar que las noticias incómodas que no quieren que leas, sigan estando a tu alcance. ¡Hoy, con tu apoyo, seguiremos trabajando arduamente por un periodismo libre de censuras!