No soy de las optimistas de cuna. Tampoco soy de las que tienden siempre a ver el vaso medio vacío. No siento que tengo el monopolio de la verdad y me equivoco con más frecuencia de lo que quisiera, pero a lo que sí me apego en la medida en que la vida avanza es a la creencia de que los pueblos merecen el destino que ellos mismos se labran. Y por ello es que considero que no es la sociedad colombiana -laboriosa y tenaz, como han demostrado ser a lo largo de muchos años, apegada a valores democráticos y enemiga del desorden y la violencia que los ha aquejado por décadas- la que se va a dejar engañar por los cantos de sirena del candidato a la presidencia de su país en las elecciones de este año, Gustavo Petro.

El panorama electoral del vecino país es aún incierto, pero no en cuanto a la posibilidad de que un candidato totalitario pueda alzarse con el favor popular en la primera de las vueltas. Angustia ver cómo avanzan las semanas y las fuerzas políticas que concurrirán a la justa democrática de los colombianos está fragmentada en tantos pedazos que solo a un nacional neogranadino bien informado le resulta posible saber por dónde van los tiros y lo que significa cada potencial candidato. Así que cualquier ejercicio de anticipación a lo que pueden ser los resultados es apenas un juego especulativo.

Hace exactamente un mes las mediciones de opinión creíbles planteaban un escenario en el que Gustavo Petro del Pacto Histórico, Sergio Fajardo de la Coalición Centro Esperanza y Federico Gutiérrez del Equipo por Colombia punteaban en la intención de voto de los colombianos. De todos ellos era Petro el que más aglutinaba en su favor: uno de cada cuatro votantes le otorgaría su confianza.

A esta hora el tablero de ajedrez sigue siendo impredecible, pero el espacio para nuevas alianzas se está moviendo con fuerza y se seguirán cuadrando coaliciones en los meses que restan. De hecho, desde el inicio del 2022 ya los alfiles se están moviendo a favor de que el uribismo se sume a la batalla que libra Equipo por Colombia. La suma del Centro Democrático lo fortalecerá sensiblemente porque la base de votantes de los seguidores del expresidente Uribe alcanza a más de 3 millones de votantes, aunque el propio Zuloaga no consiga despertar ni frío ni calor.

A veinte semanas de la primera vuelta la firma encuestadora Massive Caller con una novedosa tecnología de medición de opinión deja claro que más de la mitad de los colombianos aún no toman decisiones: 35,5% dejaría hoy su voto en blanco y 17,1%  aún no se decanta a favor de ninguna opción. Confrontados los electores con todas las combinaciones de partidos y de alianzas, quienes están decididos sobre el destino de su voto siguen favoreciendo más a Gustavo Petro que a ningún otro. Casi todos los escenarios dejan claro que al menos 26% de los neogranadinos está seguro de depositar su voto por esa extrema izquierda. Quien más mella consigue hacerle es, sin duda, Sergio Fajardo, pero a este aún le falta un trecho largo para ganarse la confianza del electorado como para hacerle contrapeso serio a Petro. Lo que se percibe es que la intención de voto a favor del exguerrillero es una intención dura, mas no suficiente. Y lo que también es diáfano es que el candidato Petro es el que más flancos débiles presenta, sobre todo ante la evidencia palmario del fracaso estrepitoso que sus correligionarios han mostrado al frente del gobierno de Venezuela. Para ello hay 2 millones de nuestros refugiados por las calles y caminos de Colombia mostrando con su propio pellejo el desastre en que los sumió la revolución bolivariana. Es poco, frente a esta demostración palmaria de caos vecino, lo que el candidato del Pacto Histórico puede argumentar en el corto periodo de tiempo que le queda. Así lo señaló la analista política Sofi Casas en la revista Semana cuando escribió hace días que “el espejo de Venezuela sí se está viendo reflejado en las calles de nuestro país y esto podría ser un factor importante para la frenada de la llegada del socialismo del siglo XXI a Colombia”.

La crispación colombiana por la desigualdad social es grande –no es posible tapar el sol con un dedo- y quizá por ello la orientación del izquierdista Petro capta la atención y el favor de los descontentos. Pero cada uno de los venezolanos que intenta insertarse en los más recónditos lugares del país que los está recibiendo con los brazos abiertos es portador de un mensaje poderoso sobre el aterrador destino que les espera.

Puede pasar de todo en la vecina Colombia pero la presidencia del país no se resolverá en la primera vuelta ni que en el cielo pilen. Lo que ocurrirá el 19 de junio será la reedición de lo ocurrido en 2018 y de nuevo Petro no conseguirá ocupar el puesto que deja libre Iván Duque en la Casa de Nariño.


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