A manera introductoria se comparte un diálogo respetuoso a través de la cuenta Twitter @tipsaldia (12-07-2018):

Interlocutor A: “Existe un principio económico relacionado con el punto de cierre. Por debajo de este nivel que es la característica del sistema empresarial e institucional venezolano, el querer insistir ‘abiertos’ genera pérdidas cada vez más crecientes…”. Interlocutor B: “Depende del tipo de rubro, algunos negocios ya trabajan netamente dolarizados y bajo pedido, lo cual no representa pérdida, porque se trabaja con el dinero del cliente y los gastos operativos son en bsf pero la utilidad en $”. Interlocutor A: “Estás hablando de experiencias individuales y aisladas de la situación y problemática estructural de Venezuela. Esto es un problema estructural, histórico y cultural a nivel macro… Las experiencias particulares son simplemente eso, particularidades que han crecido a la sombra de la destrucción del país”. Interlocutor B: “Te pongo ejemplos, los repuestos, celulares y aparatos electrónicos, construcción, electrodomésticos, mobiliario en su mayoría se trabajan con la lista de precio del distribuidor en la mano la cual está dolarizada, se entiende que debe ser así”. Interlocutor A: “Me estás dando la razón compañero. Mis respetos”.

Aunque todos estamos padeciendo los rigores de esta emergencia compleja, también es cierto que existen múltiples ejemplos de realidades paralelas e incluso contradictorias. Por ello, para nadie es un secreto que coexisten “actividades dolarizadas que crecen tipo burbuja basadas en una economía hipertrofiada y con poder adquisitivo negativo o a nivel infravital”. Por ende, resulta muy difícil, para no decir imposible, la tarea de neutralizar y revertir la nefasta situación actual. Las propuestas de solución existen, pero quizás no interesa que se puedan llevar a la práctica. Entonces, cada quien en lo suyo, debido a que todos tienen sus particulares visión o perspectiva, y lo más preocupante, el statu quo o zona de confort que pretenden continuar diversos grupos o sectores e incluso antagónicos.

Pero si nada cambia, al empeñarse los “líderes” políticos (oposición y oficialismo) con el mismo patrón de conducta, insistiendo en la cultura de la conflictividad e intolerancia, la fuerza de las armas, la irracionalidad de la violencia y el discurso pendenciero, la tragedia nacional seguirá empeorando: por muchos decretos que quieran imponerse o presiones de calle que deseen realizarse. Con el agravamiento de los desequilibrios macroeconómicos, los daños colaterales respectivos en lo microeconómico, lo microsocial y la estructura de valores de la sociedad.

Por consiguiente, a grandes rasgos la “enfermedad económica” conocida con el nombre de inflación, puede ser causada por un exceso de demanda o “consumo” en relación con lo que se ofrece o vende, por una elevación generalizada de la estructura de costos de las empresas que transfieren a los “consumidores”, y/o por una cantidad “excesiva” de dinero en manos de la población que motiva a “consumir”.

No obstante, la receta recomendada para enfrentar tal flagelo no se logra, por ejemplo, a través de la generación de empleos improductivos, la distribución de alimentos que se producen y adquieren en otros países, el recortar la cantidad de efectivo que circula entre los venezolanos o incumplir recurrentemente con el artículo 91 de la carta magna en lo que respecta a un salario mínimo vital. Por el contrario, depende además de los aspectos metodológicos que se han tratado y explicado previamente en otros artículos, a la conformación de un “tejido industrial”, producto de la integración, ampliación, diversificación y competitividad de los sectores económicos (entre ellos, el agrícola, industrial y agroindustrial) que favorezca realmente y efectivamente el crecimiento sustentable de la “producción nacional”, basada en la “innovación, productividad e internacionalización”.

Agregaría que la postura, el discurso y el accionar obligatoriamente deben enmarcarse dentro de la uniformidad, coherencia, continuidad y coordinación en función del PIRU o plan estratégico institucional a favor de un “horizonte compartido”.

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