Este mes hace cuarenta años que se convirtió en primera ministra del Reino Unido Margaret Thatcher (1925-2013), la pionera cuyo controvertido legado allanó el camino a la actual jefa del gobierno, Theresa May, si bien no es tanto lo que las une como lo que las separa, indican a Efe los expertos.

Ambas afiliadas al Partido Conservador y de orígenes sociales parecidos -clase media de provincias con fuerte ética del trabajo-, Thatcher, que gobernó de 1979 a 1990, y May, desde 2016, comparten «una gran determinación y sentido del deber», así como un carácter serio y «algo autócrata», apunta el historiador Graham Goodlad, autor de la biografía «Thatcher» (2015).

Sin embargo, al margen de su género y similitudes en temperamento y estilo, las mandatarias difieren en ideología, habilidad política, estatus internacional y su actitud hacia otras mujeres, coincide la periodista Julia Langdon, que siguió a la «Dama de hierro» por el mundo para los diarios «The Guardian» y «The Daily Mirror».

Respecto al talante, esa tendencia común a «no escuchar mucho» y solo a fieles asesores podría deberse a «la necesidad de protegerse en un entorno aún predominantemente masculino», dice a Efe la veterana reportera.

Ambas han contado con unos esposos -Denis Thatcher, ya fallecido, y Philip May- «que las apoyan enormemente», agrega la escritora, que destaca otro rasgo compartido: a las dos les gusta vestir bien, si bien Thatcher era «más femenina», pues le atraía más que a May «hablar de cosas de mujeres».

A diferencia de la actual líder «tory», con fama de ser «reservada y un poco autómata» -lo que le ha valido el robótico apelativo de «Maybot»-, en la distancia corta Thatcher era «muy amable y atenta» (lo que contrasta con sus divisorias políticas sociales), explica Langdon.

Cuenta, por ejemplo, que, durante un viaje en avión de regreso de Moscú en los años 80, cuando ella estaba embarazada, la exdirigente le ofreció su propia cama para que descansara.

Goodlad destaca como diferencia clave que «Thatcher era más hábil políticamente».

«Dudo de que hubiera llevado las negociaciones del ‘brexit’ o con su partido como lo está haciendo May», cuyo acuerdo para la salida de la Unión Europea ha sido rechazado tres veces en el Parlamento, manifiesta.

Subraya que la «Dama de hierro» tenía más autoridad y proyección, pues logró tres victorias electorales, mientras que su sucesora, que sustituyó en el poder al dimisionario David Cameron en 2016, redujo su mayoría parlamentaria cuando en 2017 convocó elecciones anticipadas.

Aunque Thatcher fue eventualmente apartada por sus propios colegas, «fue un proceso corto y rápido» al final de su mandato, mientras que May «ha estado siempre debilitada» y afronta constantes presiones internas para dimitir, explica.

El historiador sostiene que, con su política neoliberal de desregulación y privatizaciones, la primera mujer que gobernó en Europa dejó «un importantísimo, aunque polémico, legado económico y social», al transformar al Reino Unido de una sociedad industrial en una de servicios, lo que tuvo un gran coste para la sociedad británica.

Langdon apunta que ese cambio radical, que acabó de un plumazo con las industrias pesadas y hundió a comunidades enteras que dependían de ellas, además de fomentar un materialismo individualista, «tuvo el efecto de dejar al Partido Conservador en la oposición» entre 1997 y 2010.

Para Goodlad, «May es menos partidaria del mercado libre», como lo ha demostrado en discursos en los que apela «a la gente de pocos medios» y con medidas «intervencionistas» como limitar el precio de la energía y reducir la brecha salarial de género.

Ambos autores conceden que la actual jefa del Ejecutivo no ha tenido ocasión de dejar su marca a nivel nacional -aunque fue muy dura como ministra del Interior- porque ha estado absorbida por el «brexit», asunto que «determinará su legado».

A nivel internacional, Thatcher gozó de una cercana relación con el presidente estadounidense Ronald Reagan -lo que May no ha podido con Donald Trump- y con el ruso Mijaíl Gorgachov, lo que le otorgó un papel en el fin de la Guerra Fría.

Sobre su actitud hacia las mujeres, los expertos señalan que, aunque moderada, May «es más feminista» que su antecesora, que jamás promovió la igualdad ni a una colega dentro de su equipo, si bien la «Dama de hierro» sentó precedente: «demostró que una mujer podía ser primer ministro».


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