Por JOSÉ ANTONIO PARRA

Uno de los aspectos más llamativos del poemario de Adalber Salas (Caracas, 1987), Río en blanco (2016), es el relativo al tiempo. En efecto, pareciera que el tópico en torno al cual gira este trabajo es la forma como el sujeto lírico se vincula con los ciclos temporales en una suerte de devenir del día y de la noche donde se dan hipérboles y, a manera de un fractal, los instantes se amplifican y yacen unos dentro de otros, en algunos casos detenidos.

Elaborado primordialmente a partir de una fina y depurada prosa poética, este corpus lírico posee gran elegancia. Su autor apela a un lenguaje sobrio y construye un devenir de atmósferas bajo la impronta de la ciudad de París. Y es que este viaje temporal que lleva a cabo Salas se da en una gradación de planos. Estos abarcan el más mínimo instante del día, la jornada, la vida íntegra o, incluso, la totalidad de la experiencia humana.

Hay entonces hondas preocupaciones tanto ontológicas como existenciales en esta pieza. El poeta hace una mirada no solo al entorno exterior, sino también a la interioridad y a su propia corporalidad. La voz lírica que fluye en este poemario hace el prodigio de un espejo, el espejo propio de la condición humana. Así, es oportuno citar este fragmento de Río en blanco:

“No somos capaces de recordar ese momento en el que nos sorprendimos por primera vez en un espejo. Este que tienes frente a ti recoge tu desnudez, la alberga como a una hija díscola y fugaz. La acuna.

Te miras en él. O él se sirve de ti para mirarse. Hay un hombre que se para de frente y luego de perfil, que seca sus miembros con una toalla, que se deja sostener por huesos inconscientes de su ruina. Alguien cansado, sobre todo. De los comienzos, de la apuesta indecisa del pulso. La anatomía es un modo de la tristeza.

Eso es lo que más aterra de un espejo. Quien allí se encuentra no puede tener un nombre. Es pura superficie, hurtada a la caducidad, sin aliento, sin sístole ni diástole. Como quien camina bajo la superficie del mar.

Te imaginas su alma como una materia fría, algo que queda colgando de esa superficie cuando ya nadie está reflejado en ella”.

En Río en blanco el devenir del mundo fenoménico está (re)presentado con una mezcla de preciosismo y de melancolía en relación a lo huidizo de la vida. La hondura del hecho existencial y de la muerte es preocupación constante en este trabajo. No en balde estamos en presencia de un autor venezolano de gran potencia y que actualmente se proyecta en el ámbito iberoamericano. Este escritor tiene una brillante y profusa trayectoria habiendo publicado los poemarios La arena, el vidrio (II Premio Nacional Universitario de Literatura; Editorial Equinoccio, 2008), Extranjero (bid&co. editor, 2010; Común Presencia, 2012), Suturas (bid&co. editor, 2011), Heredar la tierra (Común Presencia, 2013), Salvoconducto (XXXVI Premio de Poesía Arcipreste de Hita; Pre-Textos, 2015), mínimos (Ediciones Amargord, 2016), Materia intacta (Kalathos Ediciones, 2017) y La ciencia de las despedidas (Pre-Textos, 2018). Asimismo, ha publicado los volúmenes Insomnios. Ensayos sobre poesía venezolana (bid&co. editor, 2013) y Estábamos muertos y podíamos respirar. Paul Celan, escritura y desaparición (Huerga & Fierro, 2017). Es además coautor del libro Los días pasan y las formas regresan en torno a la obra del escultor Harry Abend (bid&co. editor, 2014) y ha tenido una destacada labor como traductor, habiendo publicado varias traducciones.

De manera que con la experiencia de Adalber Salas asistimos a la vida y obra de un autor venezolano muy desenvuelto, una de nuestras voces que resuenan internacionalmente y hacia lo atemporal. Oportuno entonces cerrar estos breves comentarios con otro fragmento de Río en blanco:

“Cuando vayan a recoger tus cosas, ¿qué encontrarán? ¿Estará lloviendo, también, dentro del apartamento? ¿Se habrá borrado tu letra de los papeles que dejaste sobre la mesa? Tu imagen, ¿tendrá la misma expresión en las fotografías? ¿Tu nombre habrá dejado de ser un anagrama?

¿Qué delatarán las camisas viejas? ¿Qué mensaje cifrado guardarán los libros? El olor a mudez de las paredes, ¿impresionará a los que vayan? ¿Tendrán que lavar para deshacerse del hedor? ¿Lavarán también tu tacto de los muebles? Y tus años, ¿los limpiarán de las suelas de los zapatos? ¿Qué harán con el puñado de arena que guardas bajo la almohada? La caligrafía pulcra, infalible, de los objetos, ¿qué confesará por ti cuando no estés?”

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Río en blanco

Adalber Salas Hernández

Sudaquia Ediciones

Nueva York, 2016


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