Una noche de primavera de 1989, Deepak Ahluwalia le pegó una plancha caliente en el rostro a su esposa, mientras la agarraba fuertemente por el pelo.

La plancha le quemó la piel y le dejó una marca en la cara.

Kiranjit Ahluwalia asegura que el incidente —que ocurrió, según dice, después de una década de abusos por parte de su marido— fue la gota que colmó el vaso.

«No podía dormir, no paraba de llorar. Sufría, física y emocionalmente», contóa la BBC, 30 años después de lo ocurrido.

«Le quería pegar, le quería pegar de la forma en que él me pegó a mí. Quería pegarle para que pudiera sentir el mismo dolor que yo sentía. No pensaba en nada más. Mi cerebro había dejado de funcionar».

Esa noche, cuando su marido estaba durmiendo en la cama, ella lo roció con petróleo y le prendió fuego. Agarró a su hijo y salió corriendo de la casa.

«Pensé: le voy a quemar los pies para que no pueda salir corriendo detrás de mí. Le voy a dejar una cicatriz para que siempre se acuerde de lo que le hizo su mujer», dice.

Kiranjit insiste en que no quiso matar a su marido.

Pero, 10 días después, Deepak murió a causa de sus heridas.

En diciembre de ese año, Kiranjit fue condenada a prisión perpetua por haber asesinado a su marido.

Presión familiar

Kiranjit creció en Punjab, en el norte de India.

A pesar de que sus padres murieron para cuando tenía 16 años, recuerda que tuvo una infancia en la que se sintió muy querida por sus nueve hermanos mayores.

Pero cuando se fue haciendo más grande, su familia empezó a presionarla para que se casara.

Los abusos, dice, comenzaron desde el primer día que se casó

«Nunca quise casarme, por eso me fui con mi hermana a Canadá. No quería establecerme en India, casarme y tener hijos como lo habían hecho mis cuñadas.Quería trabajar, ganar dinero y vivir mi propia vida», afirma.

Sin embargo, tuvo que cambiar de idea cuando su hermana en Inglaterra le encontró un candidato.

«Él vino a verme a Canadá. Hablamos unos cinco minutos y le dije que sí. Sabía que no podía escaparme. Tenía que casarme. Y eso fue todo. Se acabó mi libertad».

Al recordar las primeras impresiones que le causó su marido, Kiranjit dice que «era muy apuesto y encantador», pero que nunca sabía cuándo iba a reaccionar de forma agresiva.

Un minuto era bueno como el oro, dice, y al siguiente era horrible.

Anillo de oro

El abuso, cuenta Kiranjit, comenzó el primer día de casados.

«Si se enojaba, ahí era cuando empezaba».

«Gritaba, me lanzaba cosas, me empujaba, me amenazaba con cuchillos, me estrangulaba. Yo acababa con moretones y no podía hablar por días».

«Recuerdo una vez que era su cumpleaños y yo trabajé horas extras y le compré un anillo de oro de regalo. Esa misma semana perdió los estribos y, con ese anillo, me rompió un diente, cuando me pegó un puñetazo en la cara».

Kiranjit dice que cada vez que intentaba dejarlo, él la encontraba, la traía de regreso a la casa y la golpeaba.

Tras cinco años de casados, la pareja viajó a India y Kiranjit le contó a su hermano mayor los abusos que había sufrido. Su familia se enojó al principio, pero cuando él se disculpó, la convencieron de que se quedase con él.

Su historia fue llevada al cine. La cinta se llama «Provoked» (Provocada, en español)

Unos meses más tarde, de regreso en Inglaterra, los abusos comenzaron otra vez.

Deepak comenzó a tener relaciones extramaritales y a exigirle dinero a su esposa, lo que dio lugar a la discusión que acabó con su muerte.

«No me podía escapar, no podía divorciarme. Mi familia me presionaba para que tuviese un hijo. Todo el mundo me decía que, si tenía un hijo, él quizás cambiaría y se volvería una persona responsable».

«Pero nunca cambió. Solo empeoró».

Contexto cultural

Cuando Kiranjit fue sometida a juicio por el asesinato de su marido, asegura que no se tomó en cuenta el abuso del que había sido víctima y que se sintió furiosa cuando escuchó la sentencia.

La fiscalía argumentó que ella solo estaba celosa por los engaños de su marido y que el lapso de tiempo entre la pelea y la venganza fue lo suficientemente largo como para que se calmara y pensara racionalmente sobre sus acciones.

«Yo confiaba plenamente en la ley británica. Pensé que la ley británica era una ley moderna y que entenderían todo lo que había sufrido. Nunca entendieron que había sufrido durante años».

Una vez en prisión dice que se sintió libre, lejos de su marido.

Allí jugaba al bádminton, estudió inglés e incluso coescribió un libro sobre su vida, que más tarde se convirtió en una película.

Su caso fue tomado por South Black Sisters (SBS, por sus siglas en inglés), un servicio de apoyo a mujeres negras y asiáticas.

«Tratamos de hablar con sus abogados en ese momento y enseñarles sobre su contexto cultural, sobre por qué a alguien como ella no le resultaría fácil dejar un matrimonio abusivo», explica Pragna Patel, directora de la ONG.

Pero según Patel, el tribunal «no escuchó» y los abogados «no estaban interesados» en entender su entorno cultural.

La apelación de Kiranjit es el caso más notable de que se fundó SBS hace 40 años

Gracias al trabajo de SBS, la corte aceptó la apelación de Kiranjit en 1992, bajo el argumento de responsabilidad reducida.

El tribunal escuchó nueva evidencia sobre su depresión de largo plazo, a raíz de sufrir años de violencia y abuso.

Se llevó a cabo una revisión del juicio donde se aceptó su alegato de homicidio. Kiranjit fue condenada a tres años y cuatro meses de prisión, exactamente la cantidad de tiempo que ya había cumplido y, por ello, fue liberada de inmediato.

Su liberación sentó un precedente histórico —la corte aceptó que las mujeres víctimas de abuso pueden tener una reacción más lenta cuando las provocan, a diferencia de una reacción inmediata.

También envió un mensaje: que las mujeres que matan como resultado de violencia doméstica severa no deben ser tratadas como asesinas a sangre fría.

«Logramos cambiar actitudes en nuestras propias comunidades», dice Patel.

«La gente empezó a ver a Karanjit como una heroína, en vez de ser hostiles con ella y asilarla».

«Esto fue un hito en la historia de la lucha de las mujeres contra la violencia en este país, sobre todo en relación a las mujeres de comunidades minoritarias, porque esta fue la primera vez que una comunidad minoritaria tuvo que reflexionar, aceptar y reconocer que la violencia de género existe».

Hito

La apelación de Kiranjit es el caso más notable de que se fundó SBS hace 40 años.

Para celebrar su aniversario, la ONG presentó »Provoked», la película que se hizo sobre el caso.

Patel dice que el problema de la violencia contra las mujeres en las comunidades minoritarias no se ha reducido, sino todo lo contrario.

Es difícil determinar si el aumento se debe a que más mujeres reportan casos de violencia o a que hay más casos, dice Patel.

Entretanto Kiranjit, quien aún vive en Inglaterra, dice que se siente orgullosa de haber reconstruido su vida en las últimas tres décadas.

«Yo trabajo duro, tengo mi trabajo, mis hijos se han graduado y soy abuela», dice.

«30 años después, parece que todo hubiera sido un mal sueño».


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